jueves, 18 de agosto de 2016

Comparto la reflexión que me llega de una mujer

                                                                                             18 de agosto de 2016
Hola Elisa,

Después de leer y re-leer el libro que me recomendaste  me surgen muchas, muchísimas dudas... Parece como si tuviera por fin en mis manos la clave de por qué soy como soy, pero no acabo de creérmelo. 

Te enumero todo aquello de lo que habla el libro con lo que me identifico:

- Hipersensibilidad: captar y entender lo que los demás sienten. Pensaba que esto lo puede hacer todo el mundo, y me he sorprendido mucho al descubrir que no es así.
- Baja autoestima.
- Fui rechazada por mis compañeras en el colegio reiteradas veces y lo pasaba fatal.
- Auto-análisis: percepción de mis propios fallos.
- Necesidad y facilidad de dirigir a los grupos o personas.
- Incapacidad para centrarme en un objetivo concreto.
- Ataques de cólera, facilidad extrema para llorar (siempre me han parecido mis peores defectos).
- 2 psiquiatras, 2 psicólogas. 1 me dijo que tenía baja autoestima, otra que tengo una gran capacidad para resolver problemas y otra que tengo mi lado femenino anulado. Pero nada en concreto,  dejaba de ir a las consultas porque no me satisfacía lo que me contaban, me parecía todo muy frívolo y no me daban un diagnóstico claro de lo que me pasaba. 
- Facilidad para malgastar el dinero, comprar por comprar, me cuesta ahorrar.
- Fuerte lado masculino, ahora empiezo a ser mas presumida, pero de joven no me permitía ponerme guapa, para mí era un símbolo de estupidez. Siempre lo achaqué a criarme con 3 hermanos mayores (todos varones).
- Ateísmo, soy incapaz de creer, aunque me declaro agnóstica porque puedo estar confundida.
- Montaña rusa: sin duda. Una amiga me dice siempre: hoy estas en la cresta y mañana estás en el valle. Puedo pasar de la mayor felicidad a la más absoluta de las amarguras sólo con una palabra de otra persona.
- Dar la imagen de imbécil. Esto me ha pasado muchas veces, porque planteo mal las preguntas o digo cosas incoherentes u obvias.
- Alto sentido de la justicia y la legalidad. Me cuesta no ser fiel a mis principios y una persona no integra.
- Necesidad de ser aceptada y sentirme querida, cuando no me siento querida sufro mucho.
- Impaciencia: cuando la gente me habla, muchas veces acabo yo la frase; si es una pregunta, contesto antes de que hayan acabado de formular la pregunta.
- Ligera sensación de desfasada o loca. (A veces, no siempre).
- Como madre siempre me he sentido "mala madre" con el comportamiento de mi hijo, siempre me digo: algo he hecho mal. (Aunque empiezo  a cambiar el discurso).
- Y por supuesto , no me creo muy inteligente. Bueno, es que en esto es muy raro, porque a veces si me veo lista ante mis propios logros o reflexiones, pero otras veces no, para nada. Y si me comparo con mi marido, por ejemplo, el me parece mucho más inteligente que yo. 

Los cuestionarios de personalidad me dicen que soy pragmática y activa, cosa que creo es correcta.

Y por supuesto, hay cosas que aparecen en el libro con las que no me identifico.  ¿Podría ser entonces que nuestro hijo haya heredado de mi esa hipersensibilidad y la inteligencia de su padre? Cuando acabé de leer el libro me sentí muy feliz, pero a medida que pasan los días no lo veo tan claro, no puede ser que yo sea así, aunque claro, quizás te rías cuando leas esto....

Elisa, estoy hecha un mar de dudas y me encantaría poder despejar incógnitas, por mis hijos, porque si yo soy capaz de entenderme a mi misma estoy segura que podré ayudarles a ellos. 

Con todo esto que te he contado ¿es posible llegar a alguna conclusión clara?,

Mañana nos vemos, así que si te estoy volviendo loca, me lo dices en directo. 

viernes, 19 de junio de 2015

PONENTES MÁSTER EN CREATIVIDAD Y ADOLESCENCIA EN LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA


EL DÍA 8 DE JUNIO DE 2015 TUVO LUGAR UNA MESA REDONDA SOBRE EL TEMA "CREATIVIDAD Y ADOLESCENCIA" DENTRO DEL MÁSTER DE FAMILIA QUE ORGANIZA LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA.

DE IZQUIERDA A DERECHA:

EULÀLIA VENTURA, FUNDADORA Y DIRECTORA DE TRETZEVENTS (LA FLORESTA, BARCELONA), BASADO EN LA PEDAGOGÍA WALDORF.

CARMEN URPI, ORGANIZADORA DEL ACTO.

ELISA ÁLVAREZ, DIRECTORA DE INTERAC Y EXPERTA EN CREATIVIDAD

MARISA MUSAIO, PROFESORA DE LA UNIVERSITÀ DEL SACRO CUORE DE MILÁN, INVESTIGA SOBRE LA "PEDAGOGÍA DE LO BELLO"

REPORTAJE Y DEBATE SOBRE ALTAS CAPACIDADES



miércoles, 11 de marzo de 2015

OTRA FAMILIA ASTURIANA (Carta a la comisión de Escolaridad)


En este blog intentamos que conozcáis lo que viven algunas familias.
Hay veces que se escribe desde una desesperación que podría haberse evitado.

Sabemos que también habrá experiencias mucho más agradables, que podríamos publicar cuando nos lleguen.


Carta a la comisión de Escolaridad

Me dirijo a ustedes para pedir un cambio de centro urgente para nuestro hijo.

Tengo que poner por escrito todo lo que él ha vivido hasta ahora y eso me duele en el alma, por lo que intentaré ser breve aunque pienso que también será una terapia para mí.

Mi hijo actualmente tiene 11 años y está cursando 6º de Primaria, ha sido un niño incomprendido por la mayoría de los profesores que le han dado clase, en algunas ocasiones vejado por ser inquieto o movido.

Todo comenzó cuando tenía 3 años y empezó a desmayarse sin un porqué. Nos dedicamos a recorrer médicos hasta que diagnosticaron que podía tener EBI, epilepsia benigna de la infancia.
Tomó el 
tratamiento durante 1 año, comenzando a los 4 años. Pero este tratamiento le dejó la mente en blanco, la profesora no podía creer que uno niño tan inteligente acabara 3º de infantil sin saber leer ni escribir. Por lo tanto la pediatra nos dijo que le quitáramos el tratamiento cuanto antes.

Paso a 1º sin saber leer ni escribir. Aquí comenzó el infierno, 60 fichas para navidades, de un mecanicismo total.

Le pusieron un profesor de apoyo para matemáticas que le gritaba y lo reñía constantemente hasta que hablamos con él y le explicamos que podía desmayarse fácilmente, pues se ponía nervioso. Al día siguiente en su clase cayó redondo. Entendió a la fuerza que era un niño sensible y nervioso cuando lo pudo comprobar.

El problema parecía resuelto, pero a finales del curso la  P.T, que nos había dejado un libro para hacer silabeo y que no uniera las letras. Al entregarlo, muy felices de haberlo finalizado, pensando que a nuestro hijo le reconocerían el trabajo realizado. A la profesora solo se le ocurrió preguntarle si creía que estaba aprobado o suspenso. Él, todo feliz, con 6 años, me mira y asiente con la cabeza; la PT responde que estaba suspendido. Mi hijo me miró con lágrimas en los ojos y con un llanto que ya no podía contener; por aquel entonces ya me dijo que la vida no le gustaba.

Fuimos a un neurólogo de Santander para ver lo que le pasaba a mi hijo, en realidad nos dijo que ya no tenía foco epiléptico pero si tenía el sistema nervioso central sensible, y poco a poco según fuera madurando se le quitarían los desmayos.

Pasó a segundo curso y le tocó una profesora que se dedicó a preparar las oposiciones en clase mientras mirada el móvil.

A mi hijo lo dejaba castigado y solo. Yo he visto todo esto, pues soy cuidadora de infantil en dicho colegio.

El profesor del año anterior que seguía dándole apoyo le hizo aguantar la caca en clase hasta que no pudo más, otra profesora de P.T, le tiró del pelo. Cuando mi hijo mayor me dijo si iba a consentir que a su hermano le siguieran maltratando, hablamos con su profesora para saber si le había hecho eso, a lo que ella respondió que sí, porque era muy nervioso y ella también lo era, no pudiendo resistirse; también dijo que algún día encontraría a una profesora que lo tiraría por la ventana.

Pasó a tercero, el mejor año de su vida porque le tocó una profesora maravillosa y dinamizadora que motivó a nuestro hijo y consiguió alcanzar el nivel de la clase, mediante escritura, cuentos, juegos, y una plataforma virtual donde ellos mismos se podían relacionar e interactuar con ella.

Parecía que la pesadilla había cesado y mi hijo por fin se sentía integrado y seguro de sí mismo.

Hasta que pasó a 4º curso y llegó una persona con un carácter que no les dejaba ni respirar, no soportaba que los niños llevaran rueditas en las mochilas por el ruido, ni tampoco bolígrafos de muelles.

Era una castrante en toda regla, varias madres nos vimos en la tesitura de denunciar mediante un escrito el maltrato psicológico al que había sometido a los dos más movidos. 

A nuestro hijo le preguntó si creía que estaba capacitado para ir de excursión, a lo que H. que siempre había ido a todas las excursiones incluso cuidando a los de infantil porque le encantan los pequeños, respondió que no, porque era muy movido y ella sin titubear lo dejó sin la excursión de fin de curso, diciendo que no le importaba lo que opinaran los padres.

También le dijo que era el payaso de la clase y utilizó a varias niñas para que señalaran cuando se portaba mal. Un gran ejemplo de integración.

Yo me fui del colegio sin denunciar el caso, pues es donde trabajo como cuidadora, y decidimos cambiar a nuestro hijo a otro colegio del centro de la localidad pensando que todo pasaría.

Así fue en 5º curso, él se integró totalmente con los compañeros, porque sólo son 7 niños, y además amigos del fútbol.

El primer año transcurrió muy bien, lo escogieron para hacer un video, a mi hijo le encanta participar bailando y actuando.

La profesora lo motivó, con suma paciencia de su parte y gran esfuerzo, pues nuestro hijo andaba mal en ortografía y aritmética. Él tenía un gran cariño y admiración a su profesora.

Acabamos 5º con muy buenas intenciones, pero al volver de vacaciones algo había cambiado, la profesora se mostró sería y distante.

Ella misma en la 1º reunión con los padres manifestó que quería que los niños pasaran el instituto totalmente maduros. No les iba a permitir nada.

Nuestro hijo se lleva genial con sus compañeros, pero a raíz del comentario inoportuno de la profesora sobre que alguien olía mal, comenzaron a señalar a un niño de la clase que siempre está muy callado y le cuesta hacer amigos.

La tutora actual es la misma de 5º curso, pero parece una persona distinta al año pasado pues el año anterior se volcó con ellos, fue empática y paciente.

Nos citó para decir que a nuestro hijo le pasaba algo, estaba distraído. Comenzó a tener un cuadro de ansiedad, molestias estomacales, falta de apetito, mareos y no poder conciliar el sueño por la noche.

Fuimos a la pediatra y ella nos dijo que primero lo tendría que mirar un psicólogo para ver lo que le ocurría.

Fuimos a Bilbao y dos psicólogos clínicos especialistas les pasaron pruebas de capacidad y aspectos emocionales durante 6 horas, un mes después teníamos el resultado.

Cuando nos dijeron que nuestro hijo mayor era de altas capacidades nos lo creímos porque siempre fue un niño muy despierto y con gran rapidez mental, pero lo que no esperábamos era cuando nos dijeron que el pequeño tenía gran dotación.

Estuvimos casi una semana intentado digerir la noticia, aunque no sabíamos que hacer, leí un montón de libros sobre el tema y desde luego que encajaban a la perfección con la personalidad de mi hijo; hipersensible, distraído, cuando le gusta un tema no quiere parar, siempre le pasó con la lectura porque no quería dejar de leer, son personas con un alto grado nivel de crítica y que no encajan muy bien las normas cuando no tienen una explicación. Se cuestionan todo y suelen tener una gran curiosidad que les hace preguntar todo muchas veces. Esa es una característica muy marcada de nuestros dos hijos. Los dos salieron con gran creatividad y en el caso del mayor un gran nivel de eficiencia.

Cuando le comuniqué los resultados a la profesora, no se lo podía creer, incluso le dio la risa, y me dijo si lo iba a llevar a un colegio especial, alegando que era imposible que un niño con los resultados académicos que él tenía pudiera ser sobredotado.

También me dijo que ella no iba a hacer nada diferente de lo que tenía programado y que eso lo tenía que verificar la orientadora del centro aunque los datos ya saldrían sesgados.

Durante un mes les pasaron las pruebas, mi hijo venía de la escuela diciendo que le habían hechos los mismos ejercicios que en Bilbao, pero que no los había hecho tan bien como allí.

La orientadora se reunió conmigo y me dijo que no tenía sobredotación. En realidad me importa muy poco si mis hijos son de altas capacidades o no, pero creo que varios profesionales con más experiencia es difícil que se equivoquen.

Lo que si me preocupa es que nuestro hijo ahora mismo se encuentra con un alto nivel de ansiedad, rayando la depresión pues no quiere comer, ni tampoco dormir, viene del colegio con fuertes dolores de tripa, de cabeza y mareos.

Fuera de registros, cartas, informes, burocracia que son papeles a fin de cuentas quiero lanzarles una pregunta si son padres: ¿cómo se sentirían ustedes si a sus hijos les pasa algo parecido que al nuestro?

Como dice Cesar Bona, el profesor que ha sido elegido para ser uno de los mejores profesores del mundo, las asignaturas más importantes son la empatía y el respeto hacia el niño y su salud emocional tanto como psicológica.

Da la casualidad que los buenos resultados vienen de la mano de un equilibrio entre la emoción y la razón. La emoción según los avances neuropsicológicos son la base del aprendizaje cognitivo. Cuando se lo comuniqué a la profesora me respondió con algo que me dejó perpleja: -"¿qué tiene que ver lo emocional con lo cognitivo?".

No estoy yo para dar clases magistrales, pero si tengo que decir que a raíz de lo que le sucedió a nuestro hijo no he parado de estudiar, en la actualidad soy Docente de Primaria, cursando actualmente el segundo grado de Infantil y haciendo las prácticas en el centro al que quiero que vayan mis dos hijos porque he podido comprobar, realizando mis 4 prácticum, que en este colegio se contempla la diversidad y se intenta integrar a los niños con distintas capacidades, bajo el respeto y cariño. Para hacerles participes de una gran educación basada en los valores.

Hasta aquí hemos llegado y ya no me callo más, pues nuestro hijo tiene la autoestima por los suelos, está destrozado y con pensamientos del tipo: -"no valgo para nada".

Por eso solicito urgentemente un cambio de colegio en este caso para mi hijo pequeño, pero también para el mayor que ha bajado las notas y se encuentra distraído debido al sufrimiento de ver a su hermano en tan lamentable situación.

Aunque aparentemente bajo una coraza parece que mi hijo se ríe de todo, lo que tiene es risa nerviosa y unas ganas grandísimas de que alguien confié en su posibilidades.

Nos ha dicho la psicóloga que lo ha salvado que es positivo y sigue esforzándose; con menos defensas el niño estaría mucho peor.

También me ha dicho que en cuanto mejore el trato y el respeto hacia él, todo comenzará a cambiar y podrá demostrar su gran valía como persona  y su potencial.

Desde entonces en casa han cambiando algunas cosas, ahora está aprendiendo guitarra para relajarse y haciendo escritura creativa que le resulta muy catártica, no voy a dejar a mi hijo solo, pues como cualquier madre lo adoro por encima de todas las cosas, y más por encima de los resultados académicos que no dejan de ser un número. Considero que lo más importante es ser persona y hacer que la educación tenga el valor que se merece bajo el respeto y la empatía.


Una madre.

martes, 3 de marzo de 2015

ESCRITO DE UNOS PADRES A INSPECCIÓN EDUCATIVA EN ASTURIAS.

                                                                             

A CONTINUACIÓN TIENEN EL ESCRITO DE UNOS PADRES, DIRIGIDO A INSPECCIÓN EDUCATIVA EN ASTURIAS.

HE QUITADO NOMBRES PROPIOS.

ES INTERESANTE LEER LO QUE ESTÁ PASANDO, AUNQUE LLEVE UN RATO, PUEDE DIVULGAR ESTO DONDE CONSIDERE MÁS OPORTUNO.

                                                                                                
A., 22 de Febrero de 2015

 Sr. Inspector de Educación (remitido en el Principado de Asturias):
(IDENTIFICACIÓN DE LOS PADRES),  como padre y madre respectivamente de A.P.B., alumno del CRA “P.A.D.” en el aula de B.;
Nos dirigimos a usted para SOLICITAR un cambio de aula para nuestro hijo, así como para informarle acerca de la situación que vive en la escuela, en la certeza de que no está siendo atendido ni entendido en sus necesidades y de que, incluso, se está obstaculizando y perjudicando su proceso de aprendizaje así como su evolución  intelectual  y emocional.
Nuestro hijo tiene 9 años, cursa 3º de primaria y es disléxico.  Siempre ha mostrado un gran interés por temas relacionados con la ciencia y la naturaleza, llegando a descubrir a base de observación y experimentación, por ejemplo, cómo determinar el sexo de varias especies de insectos (cosa que después hemos podido corroborar como cierta), que las patas de las ranas antes de salir ya se han formado por completo en el interior de la piel del renacuajo… y, de igual manera ha destacado en el campo de la creatividad, en pintura (donde ya le han sido otorgados tres premios, el último en el concurso de  dibujos de Navidad del concejo de V. de este año), en manualidades, tallando madera, pizarra, haciendo móviles, colgantes…
Con 6 años, en 1º de primaria, presentaba un retraso en la lectoescritura de aproximadamente 2 años, razón por la cual recibía apoyo de AL y PT. Durante el curso siguiente estuvo siguiendo, a nivel privado, una terapia optométrica (visual y auditiva) en la esperanza de que le ayudaría con sus problemas con el lenguaje. Hizo esta terapia  diariamente durante todo el curso y hubo una mejora en cuanto a audición y lenguaje (había palabras en las que invertía sílabas o pronunciaba una letra por otra), pero no la hubo en cuanto a su rendimiento escolar (después hemos sabido que la terapia optométrica no ayuda en los casos de dislexia). Cada vez más, intercambiando observaciones entre la tutora de entonces y nosotros e investigando acerca de la dislexia, llegábamos a la conclusión de que nuestro hijo encajaba en todos los protocolos de detección de la dislexia.
Él era muy consciente de sus dificultades y de que tenía que hacer un esfuerzo mucho mayor que sus compañeros en el colegio para obtener resultados peores y por ello,  por su afán de superación, y con la ayuda de su tutora y de su familia, se esforzaba en hacer esta terapia así como sus tareas escolares. A medida que avanzaba y  comprobaba que su esfuerzo no le facilitaba las cosas, empezó  a mostrar rechazo por el trabajo escolar, escrito o de memorización, y empezó a somatizar: dolores frecuentes y fuertes de estómago, dolores de cabeza, etc. Tratamos con la tutora la posibilidad de que nuestro hijo repitiera curso puesto que su desfase en algunas áreas haría difícil que pudiera seguir el ritmo de los demás y nos parecía más leve que repitiera ahora, y no cuando tuviera 2 años más.
El curso pasado vino un nuevo tutor a la escuela. En la primera semana de curso nos entrevistamos con él para ponerle en antecedentes de las dificultades que presentaba. Una semana más tarde –siempre a petición nuestra-, volvemos a entrevistarnos y nos dice que para él el problema está en que nuestro hijo no tiene “hábito de trabajo”, y que no existe informe de orientación. Nos resulta sorprendente que no haya un informe puesto que la orientadora del curso anterior estaba al día de las dificultades del niño, e incluso se había desplazado a Gijón para entrevistarse con la directora del centro en el que hacia la terapia optométrica. Entonces pedimos al tutor solicitar con urgencia cita con la orientadora, pues considerábamos imprescindible que a partir de un informe se pudieran dar pautas de actuación para el trabajo en el aula así como orientación para nosotros.
Después de mucho insistir,  a finales del primer trimestre,  nos entrevistamos con la orientadora que ya había realizado las pruebas pertinentes. Sus primeras palabras fueron “Su hijo tiene una dislexia de libro”, cosa que iba confirmando cada vez más a medida que le hablábamos de la evolución de nuestro hijo. Así mismo nos señaló que A. tiene una capacidad intelectual muy alta, razón por la cual llegó a cuestionar el que estuviera repitiendo curso, porque si bien no presentaba un nivel aceptable en lecto escritura, lo cual era necesario, en otras áreas podía caer en el aburrimiento y en consecuencia desmotivarse aún más. Según ella el rechazo al trabajo escolar era normal y comprensible en su caso por la frustración acumulada, y era algo que se debía tratar fomentando su autoestima y con adaptaciones que le facilitaran tener éxito en su trabajo. Además de los problemas de lectoescritura, A. tiene común con otros disléxicos: la memoria inmediata, la memorización de series (días de la semana, meses del año, tablas de multiplicar), así como el aprendizaje de otro idioma, la dificultad de organización…
En esta entrevista quedamos en que ella daría pautas e incluso proporcionaría material para que los profesores pudieran trabajar con él, y también en que nos daría información sobre programas informáticos etc. para trabajar en casa. No volvió a haber ninguna entrevista más.
Desde casa informamos a A., explicándole en qué consiste la dislexia y que ese es el porqué él necesita un mayor esfuerzo para algunas cosas. Insistimos en que no tiene que ver con su inteligencia ni su capacidad para aprender (señalándole por ejemplo que Einstein también era disléxico, o Leonardo Da Vinci). En el último tiempo él decía a menudo cosas como que “era más tonto que los demás”, “que Fulanito tenía el cerebro más desarrollado, pero él era más fuerte”… El saber que lo que él sufre tiene un nombre y unas características y que aún así el puede cumplir sus sueños de ser científico, supuso un gran alivio y empezó a animarse y esforzarse en hacer mejor los deberes, en hacer cosas por su cuenta como leer a solas y después explicarnos lo que había leído, etc.
Después de esto se sucedieron varias entrevistas con el tutor (siempre por iniciativa nuestra, excepto las preceptivas de entrega de notas) en las que llegó a poner en duda su dislexia insistiendo siempre en que lo que arrastraba era una falta de hábito de trabajo. Valoraba que se estaba esforzando y trabajaba  mejor, pero sus notas no lo reflejaban llegando a suspender asignaturas en las que en el curso anterior sacaba buena nota (como ciencias naturales, área en la que tiene muchos conocimientos porque le encanta y es muy observador).
Acabó el curso habiendo mejorado mucho en lectoescritura (tenía dos horas semanales de apoyo en AL) y el tutor manifestó que había trabajado… pero sus notas fueron peores que las del curso anterior (repetía 2º) y, a nuestro modo de ver, también su motivación, ganas de aprender y la adquisición de nuevos conocimientos habían empeorado.
A principios de éste curso solicitamos entrevistas con los profesores de Sciences (el anterior profesor de inglés) y de lengua. El profesor de Sciences  se muestra sorprendido de que A. tuviera dislexia, cosa que ignoraba. La profesora de lengua asegura que según el tutor y según el informe de orientación sólo hay una sospecha de dislexia, pero que no obstante lo que observa es una falta de hábito de trabajo en A.
En entrevista con el tutor nos confirma que efectivamente el informe de A. no confirma una dislexia sino una “alta sospecha de dislexia”  (adjuntamos el informe de la orientación donde se hace un diagnóstico de  “nivel global de riesgo alto de dislexia afectando tanto a la vía fonológica como a la de acceso al léxico” y más adelante se señala: “alumno con necesidades de apoyo específico debido a la dislexia, lo que repercute en el resto de áreas”) pero que, en todo caso, el problema es que el niño se niega a trabajar. Esto origina una discusión más y un desacuerdo más entre el tutor y nuestra manera de ver la evolución de A. después de informarnos, bastante a fondo, de lo que es y cómo se manifiesta la dislexia. Al respecto hemos de decir que en repetidas ocasiones hemos ofrecido  información sobre el tema al tutor, que la ha rechazado argumentando que en todo caso no era de su competencia. Le hemos proporcionado información sobre la evolución de A., por la que tampoco ha mostrado interés, e incluso la ha puesto, sutilmente, en duda (por ejemplo, cuando hemos argumentado que no realizó su tarea para casa –tareas que, por otra parte, están contraindicadas en disléxicos- porque le dolía la cabeza, tenía los ojos rojos…, su respuesta es “yo no le he visto nunca los ojos rojos en clase”).
En esta entrevista, octubre de 2014, solicitamos oralmente al tutor una entrevista urgente con la orientadora actual. Después de una espera de más de dos semanas, solicito por escrito y con registro en la secretaría del centro, cita con la orientadora a fecha 18-11-2014. Tras dos semanas más de espera  de respuesta, solicito por la misma vía cita urgente con la orientadora, a fecha 2-12-2014. Por fin logro reunirme con ella 10 días después.
La orientadora no pone en duda, a la vista de todas las pruebas realizadas por la anterior orientadora, que A. tiene un informe de dislexia, aún así me informa de que ha pasado a los profesores un protocolo de detección, y que ya un informe más antiguo, aunque no especificara  un diagnóstico, indicaba medidas de actuación en el aula que correspondían a los protocolos de actuación en dislexia.  Me sorprende que exista un informe anterior cuando el tutor me había asegurado que no lo había (*remitimos éste informe donde, efectivamente, las medidas a adoptar en el aula son las que se corresponden a los protocolos de actuación en dislexia). Transcribo literalmente:
“Orientaciones para el profesorado:
·         -Decirle al alumno que conoce su problema.
·         -Transmitir al resto de la clase el trastorno que tiene este alumno, preferiblemente que lo explique él y diga en qué consiste.
·         -Sentarlo en la primera fila al lado del profesor.
·         -El alumno tiene que anotar todo en su agenda.
·         -A. tendría que saber las fechas de sus exámenes con una semana de antelación.
·         -Debería tener más tiempo que sus compañeros para la realización de los exámenes.
·         -Las faltas de ortografía deberían puntuarse de forma más baja que al resto de sus compañeros.
·         -Si un alumno en el examen tiene 10 preguntas, el alumno disléxico tendría que tener menos.
·         -Los exámenes tendrían que ser más visuales.
·         -Las preguntas de los exámenes deberían estar ya escritas para estos niños y no dictárselas.
·         -Se le deben mandar menos deberes que al resto de niños de la clase.
·         -Hay que valorarle su esfuerzo, los aspectos positivos de su trabajo.
·         -Deben pronunciar correctamente las palabras.
·         -Hay que comprobar que entiende el material escrito que se le ha entregado o que ha copiado de la pizarra.
·         -Intentar no corregir en color rojo sus trabajos, exámenes, deberes, etc.
·         -Intentar que el alumno se presente voluntario para realizar tareas en clase o para leer en voz alta.
·         -Si el alumno no quiere leer en voz alta intentar no obligarlo.
·         -No ridiculizarlo delante de sus compañeros.
·         -Sus exámenes podrán ser orales.
·         -La información nueva debe repetirse más de una vez.
·         -Los libros de lectura deben de ser acordes a su nivel lector.
·         -Hay que intentar destacar los aspectos positivos del trabajo realizado por el alumno
·         -Los copiados de la pizarra, los dictados y la lectura que realizan tanto en clase como en casa deberían ser más cortos.
·         -Necesita más tiempo que el resto del alumnado de la clase para acabar sus deberes.
·         -Averiguar en qué destaca y que realice actividades de ese tipo.
·         -Tiene que saber su horario escolar y lo tiene que tener apuntado en su agenda.                                                            
 Informe fechado en JUNIO de 2012  “)

Prácticamente ninguna de estas recomendaciones se han tenido en cuenta ni en el curso anterior (2013-2014) ni en el primer trimestre  del presente (2014-2015). Sin embargo sí parece haber un acuerdo unánime (según el tutor) de todos los profesores en que A. no quiere trabajar.
Pido a la orientadora que se haga una revisión urgente y que la próxima entrevista sea también con el tutor para evitar desacuerdos.
Nos reunimos también con la directora del centro, para informarle de la situación de nuestro hijo y mostrarle nuestro desacuerdo con las actuaciones en clase. Ella nos asegura que el caso se está revisando, que la orientadora se ha reunido con los profesores y que se van a llevar a cabo las adaptaciones necesarias.
El día de las vacaciones de navidad tenemos la reunión con el tutor para recoger las notas. Nuestro hijo está suspendido en todas las asignaturas, excepto gimnasia y cultura asturiana, incluida la asignatura de arte en la que nos específica que el suspenso no es por música sino por plástica (asignatura que imparte el tutor). Vuelve a originarse una discusión y desacuerdo. El tutor admite que el resultado de sus exámenes no corresponde a su nivel de conocimientos en las materias en cuestión, pero aún así sigue remitiéndose a sus exámenes (escritos, extensos, con preguntas que conllevan más de una pregunta…), en los que se le ha dejado más tiempo que al resto de alumnos, en algunos más de dos horas, donde sólo ha contestado a una o dos preguntas (¿?).
En las vacaciones de Navidad acudimos, de forma privada, a otra profesional especializada en altas capacidades que, después de hacer las pruebas pertinentes con A. nos informa de su alta capacidad intelectual y de la necesidad urgente de que su dislexia sea diagnosticada y tratada del modo adecuado (*Adjuntamos informe de INTERAC realizado por Elisa Álvarez Santos, experta en Diagnóstico y Educación de Alumnado con Altas Capacidades).
A la vuelta de las vacaciones de Navidad  solicitamos (por escrito al tutor) reunión a la mayor brevedad con la orientadora. Tras más de una semana sin recibir respuesta alguna, volvemos a hacer una petición urgente, entregada y sellada en secretaría del centro con fecha 4 de Febrero del 2015. A día de hoy, 22 de febrero de 2015, aún no tenemos fecha para este encuentro.
Señalar, como muestra de lo tenso de las relaciones con el tutor, que en el último tiempo estamos recibiendo notas “formales” –en concreto, 7 notas desde el 22 de enero hasta ahora- comunicándonos cada pequeño fallo y aleccionándonos de lo importante que es que estas cosas no se produzcan, por ejemplo, un retraso de cinco minutos en la hora de entrada, que el niño olvidó la regla, que se puso a jugar con una gomita, que no encontró sus fichas en la cartera… (*Adjuntamos, como ejemplo, la última de estas notas).

Por todo lo señalado y ante la dificultad de poder llegar a una comunicación fluida y de confianza y acuerdo con el tutor (responsable máximo de su proceso educativo), SOLICITAMOS un cambio de aula para nuestro hijo.
SOLICITAMOS que se le traslade al Aula (escuela) de M. fundamentalmente por tres razones:
-M. es el aula más cercana a nuestra localidad.
-M. es el aula con menor número de alumnos del CRA, lo cual entendemos podría facilitar una atención más personalizada para A.
-En el aula de M. hay alumnos con los cuales nuestro hijo ya tiene una relación de amistad, lo que, entendemos, podría facilitar su integración.
  Confiamos en que sabrá disculpar y entender lo extenso de esta carta.
A la espera de una rápida contestación por su parte, le saludan atentamente:

(FIRMAN LOS PADRES).

lunes, 24 de noviembre de 2014

ADIMAC SANTANDER Portada en el DIARIO MONTAÑÉS 23.11.2014







Aunque existe un error tipográfico en la segunda línea, ser portada en un el DIARIO MONTAÑÉS un fin de semana, me parece un auténtico logro para ADIMAC SANTANDER, lo que ayudará en la siembra de sensibilidades que comienza a realizarse en Cantabria.

¡¡¡ENHORABUENA!!!

domingo, 2 de noviembre de 2014

EL TDAH NO EXISTE

«El TDAH no existe, y la medicación no es un tratamiento, sino un dopaje»

El catedrático Marino Pérez, autor de «Volviendo a la normalidad», asegura que no hay biomarcador cerebral que justifique el Trastorno por Déficit de Atención

«No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje». ESTA es la sentencia de Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendo a la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo TIPO de referencias bibliográficas elTrastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la «patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar».
—En «Volviendo a la normalidad», ustedes ponen el dedo en la llaga, al ASEGURAR que el llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), no existe.
—El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. PARA empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si «a menudo» el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara AHORA cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque esdesatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna CONDICIÓN neurobiológica ni genética indenficada, y sí muchasfamilias donde no se asume que la educación de los niños es más difícilde lo que se pensaba.
—¿Quiere decir que no hay ninguna prueba médica que lo demuestre?
—No. No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc) ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. Lo que nosotros decimos en ESTA obra, con toda seguridad, es que no hay ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse... A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro.
—Pero los expertos en TDAH afirman que ESTE trastorno mental/psiquiátrico del neurodesarrollo conlleva ciertas particularidades cerebrales, y niveles anormales de sustancias neurotransmisoras...
—Pudiera haber diferencias en el cerebro, como es distinto el cerebro de un músico al de otro que no lo es. Incluso el de un pianista a un violinista. Pero esa diferencia del cerebro no es la causa. El cerebro es plástico y puede variar su estructura y su funcionamiento dependiendo de las exigencias y CONDICIONES de vida. Un ejemplo muy famoso es del hipocampo cerebral de los taxistas de Londres. Cuantos más años de profesionalidad, más alterada es esa estructura cerebral. ¿Por qué? Porque está relacionada con el recuerdo y la memoria espacial, como es requerido para ser taxista en una ciudad de 25.000 calles como Londres. Lo que se pueda observar diferencial en el cerebro de quien sea, en este caso de niños a los que se diagnostica TDAH, no explica que esa sea la causa del supuesto trastorno, si no que los niños sean más ACTIVOS e inquietos. Pero algunos padres se agarran o podrían estar interesados en encontrar una diferencia cerebral en los niños que les justifique o exima de responsabilidad en lo que le pasa al niño. Insisto, no hay ningún clínico ni ninguna prueba de neuroimagen que pueda validar un diagnóstico, como no hay evidencia que demuestre que los niveles cerebrales de dopamina o noradrelina sean anormales en niños con este diagnóstico.
—Ustedes TAMBIÉN recogen en su obra que muchos clínicos, y hasta laboratorios farmacéuticos, que reconocen que no hay biomarcadores específicos.
—Cualquiera que esté al tanto de las investigaciones no PUEDE dejar de reconocer que en realidad no hay biomarcadores específicos por los que se PUEDA diagnosticar ese TDAH como una entidad clínica diferencia. En España hay multitud de expertos en el tema que después de defender que es un trastorno bioneurológico, reconocen que no hay bases neurológicas establecidas para el diagnóstico. Y sin embargo mantienen ese discurso. Casualmente, suelen ser personas con conflictos de intereses reconocidos y declarados, que han recibido y está recibiendo ayudas y subvenciones y todo tipo de privilegios de diversos laboratorios. Es decir, muy a menudo los defensores del TDAH mantienen esa retórica a pesar de que no hay evidencia, por un conflicto de intereses que les lleva a sesgar la información por el lado de lo que desean que hubiera en base a los intereses de hacer pasar el trastorno como si fuera una enfermedad que hubiera que medicar.
—La realidad es que el TDAH se acaba de reconocer en la flamente Ley orgánica para la MEJORA EDUCATIVA(LOMCE).
—Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo, con su «libro blanco» sobre el TDAH, y terminando por su inclusión en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), puede que estén dando carta de naturaleza a algo cuya naturaleza, valga la redundancia, está por determinar y que, de hecho, es controvertida. Se está reclamando que se hagan las dotaciones adecuadas que contempla la ley como son ayudas, subvenciones, e incluso rebajas para la adquisición de los libros de texto, ventajas para acceder a becas, quien sabe si hasta para acceder a la Universidad. Mientras, los lobbies de la industria farmacéutica se estarán frotando las manos, viendo como los políticos «trabajan» a su favor. Los políticos creerán que han hecho lo políticamente correcto pero, de acuerdo con lo dicho, sería incorrecto científicamente.
—Usted augura que, a PARTIR de este reconocimiento, habrá muchos interesados en que el niño reciba un diagnostico formal de TDAH.
—Si. Esto mismo que ha pasado en España, de que la Ley otorgue cobertura legal al TDAH, se vio con anterioridad en 1997 en Quebec (Canadá). Allí hicieron un estudio de seguimiento de diagnósticos durante los 14 años siguientes y se encontró que en esa provincia canadiense en concreto, y a diferencia del resto de Canadá, había aumentado exponencialmente el número de niños medicados. Un crecimiento que no se observó en otras enfermedades propiamente infantiles como el asma, donde el porcentaje se mantuvo el resto del tiempo. Además, los niños que tomaban medicación de forma CONTINUADA tenían un rendimiento más bajo a largo plazo. Y tenían a su vez otros comportamientos y otras alteraciones como ansiedad y depresión.
—Los efectos secundarios de la medicación es algo que ustedes también CITAN EN esta obra, al señalar que los padres no son muy conscientes de los mismos.
—La utilidad de la medicación, hasta donde lo es, no se debe a que esté corrigiendo supuestos desequilibrios neuroquímicos causantes del problema, como se da a entender, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atención o concentración, como también lo hacen el café o las bebidas tipo Red Bull. La medicación para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento específico, sino un dopaje: es la ADMINISTRACIÓN de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento. En cuanto a la salud, estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presión sanguínea y cardiaca, que les puede llevar a tener a la larga más riesgos cardiovasculares. Tampoco les debería sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento. La cuestión es saber que pasa tras años de medicación.
—Si el TDAH no es un cuadro clínico, pero sí un problema de conducta, ¿qué PUEDEN hacer los padres afectados?
—Lo dificil hoy en día es que los padres puedan tener una atención más continuada y sosegada con los niños. Pero la atención y la actividad se pueden aprender, y mejorar. Hay estudios hechos y publicados en la versión americana de Mente y Cerebro con niños pequeños abocados o candidatos a recibir el diagnóstico. Se les enseñaba a los padres a realizar diversas tareas con esos pequeños, con el objeto de educar la atención y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo «Simon dice», donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los niños mejoren y CONTROLEN la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH.
—Mientras tanto, usted señala que las asociaciones de afectados TIENEN publicidad en sus webs de los laboratorios farmacéuticos implicados en la fabricación de los medicamentos.
—Si usted echa un vistazo a alguna de ellas lo podrá comprobar por usted misma. En mi opinión, las asociaciones de padres y afectados por el TDAH, si no quieren hacerle el juego a otros intereses, debieran tener prohibido en sus estatutos recibir financiación de los fabricantes de medicación, y utilizar como divulgación sus explicaciones y panfletos. Es como si ponemos al lobo a cuidar de las ovejas. Aunque los laboratorios reciban cuantiosas multas por la inapropiada promoción de sus preparados y afirmaciones engañosas acerca de su eficacia, como los 56.5 millones de dólares que tendrá que pagar el principal fabricante de medicamentos para el TDAH, no será nada comparado con los 1.200 millones de dólares que tiene previsto ganar en 2017 con uno de ellos. De estas cosas también hay que hablar CUANDO se habla de TDAH.

—¿Recomendaría usted alguna lectura a padres preocupados?